Pistachio de D.S. & Durga es de esos perfumes que, a primera impresión, suenan como un capricho dulce y divertido, pero cuando te los pones, te das cuenta de que hay algo más. No es solo un helado de pistacho en un día de verano; es la elegancia inesperada de lo gourmand sin caer en lo empalagoso.
El pistacho aquí es cremoso, sí, pero también seco y un poco polvoroso, como esos frutos secos que compras en una feria artesanal del sur de Chile, entre puestos de miel de ulmo y quesos ahumados. No es una bomba de azúcar, sino algo más sutil, casi aireado. Hay una nota de heliotropo que le da un toque de almendra dulce, y un almizcle limpio que lo mantiene en la frontera entre lo gourmand y lo etéreo.
Funciona bien en cualquier época del año, pero brilla especialmente en primavera y otoño, cuando el clima permite que sus notas cremosas y ligeramente verdes se desplieguen sin volverse pesadas. No es un perfume que domine la habitación, sino más bien uno que se queda cerca de la piel, como ese aroma que deja la ropa recién lavada mezclado con el recuerdo de un postre bien hecho.
Si te gusta el concepto, pero no te convence este perfume y quieres algo con más presencia, podrías probar Baraonda de Nasomatto, que tiene esa vibra alcohólica y cálida. Pero si lo que quieres es ese equilibrio entre lo gourmand y lo minimalista, Pistachio es una opción encantadora, casi como un paseo por Valparaíso en una tarde soleada, con la brisa marina mezclándose con el aroma de un café recién horneado.