Amouage Jubilation XXV
Ah, Jubilation XXV de Amouage... eso no es un perfume, es una ceremonia. Literal. Este es uno de esos aromas que te hacen sentir como si caminaras con capa, aunque estés con jeans y zapatillas. Es opulento, lleno de matices, como un viaje a través de un zoco antiguo de Medio Oriente, pero con escala en los cerros de Valparaíso: caótico, brillante, misterioso, y absolutamente inolvidable.
¿A qué huele? A una mezcla gloriosa de resinas (mirra, olíbano), frutas secas (mora), especias, y un fondo ambarado con un incienso elegante y dorado. Hay miel, hay madera, hay un eco de bosque húmedo como en Chiloé, con esa sensación de historia y profundidad. El toque de laurel y canela le da un aire imperial, casi como si estuvieras entrando a una biblioteca antigua donde el cuero de los libros se mezcla con el humo del incienso y el dulce de un vino especiado.
Es un perfume para otoño e invierno, sin duda. Pero no es para el día a día, salvo que tu día a día incluya recibir embajadores o caminar por los pasillos del Teatro Municipal de Santiago. Dura una eternidad y proyecta como si tuviera micrófono propio, así que con una o dos atomizaciones basta.
¿Para quién es? Para alguien con presencia, con gusto por lo clásico y lo teatral. Si disfrutas perfumes tipo Interlude Man (también de Amouage) o Memoir Man, este es más accesible emocionalmente, pero igual de majestuoso. También podría resonar con quienes aman Avignon de Comme des Garçons, pero buscan algo más redondo y cálido.
Jubilation XXV no se usa, se encarna. Es perfecto para cenas elegantes, noches especiales, o cuando simplemente quieres sentirte como un emperador andino caminando por Cusco al amanecer.